Funcionarios
Por fin tengo teléfono. Me ha costado lo suyo, no creáis, malditos aborígenes. La gente de este país es maja, la verdad, no puedo decir otra cosa, pero tienen completo el cupo de funcionarios clásicos, en el sentido más peyorativo de la expresión. Puede que el prototipo de funcionario amargado, poco comunicativo, vago hasta la desesperación y malencarado viene a suponer un uno por ciento, pero yo he tenido que lidiar con toda la muestra al completo. Fui a solicitar línea telefónica y tuve que volver a las dos semanas, porque no había recibido respuesta. La segunda vez fue casi peor que la primera, la cara de perro del funcionario era aún más evidente. Yo me había preparado mis frases mágicas, como viene siendo habitual, y él me entendía, pero yo a él no; y en lugar de intentar explicarse con otras palabras me repetía lo mismo un poco más alto cada vez. Tengo que aprender a decir “eh, que no soy sorda” la próxima vez que tenga la mala suerte de tener que abordar otra gestión administrativa.
Finalmente conseguí que me dieran día y hora para la instalación de la línea. El técnico no era muy amable, pero al menos llegó puntual y se fue pronto, no sin antes quejarse de que el enchufe del teléfono estaba en un sitio muy malo. La verdad es que tenía razón; está entre la cama y la pared, por lo que ahora parece que estoy castigada mirando al rincón cuando quiero conectar el ordenador a la red. He comprado un cable más largo, pero aún así no llega a donde yo quisiera.
En fin, volviendo a lo que estaba, el señorín tenía que meterse en el hueco que había entre la cama y la pared, pero sus características físicas (su barriga, para qué andar con eufemismos) le impedía agacharse y menos aún en un sitio tan estrecho, por lo que tuvo que sentarse en la cama y retorcerse como pudo para llegar al nivel del suelo. Os preguntaréis por qué no apartamos la cama un poco: cuando se lo ofrecí me miró desafiante, como preguntándome si pensaba que no sería capaz de entrar por ahí.
Jadeaba y resoplaba e imagino que juraba en arameo (o en luxemburgués), pero levantarse fue lo peor; pensé en ayudarle, pero cualquiera se acercaba a Godzilla, así que disimulé como pude, fingí que leía para no demostrar que no me perdía una y finalmente mi amigo se levantó. Todavía tengo el colchón hundido por el lado de la pared.
Tan contenta como una niña con teléfono nuevo, me fui para al trabajo pasando antes por la oficina de la Post (que además del servicio de correos lleva también el de telefonía) para solicitar una línea ADSL, ingenua de mí. Este tercer funcionario era aún peor que los otros dos. Se limitó a decirme entre dientes que no podía hacer la solicitud hasta que no pasaran cuatro días y se negó a darme más explicaciones. A estas alturas lo que no sabía mi interlocutor era que yo estaba más harta de ellos que él de mí, así que le freí a preguntas. Sabía que no iba a sacar nada en claro, pero veía su desesperación y disfrutaba con ello.
La foto es de un enchufe de teléfono luxemburgués. Bonito ¿eh? Hacer la foto me costó lo suyo, ahora comprendo al pobre hombre, también a mí me costó agacharme al nivel del suelo…Está anocheciendo. Para compensar la horrible foto del enchufe, os envío una que acabo de hacer en este momento. Es lo que veo desde el sofá.
Creo que voy a pasar de ADSL. El cablecillo del teléfono, aunque corto, es suficiente para actualizar el blog y reunirme con vosotros de vez en cuando. Muchas gracias por los comentarios, es agradable saber que hay alguien al otro lado.


1 Comentarios:
Hola, aunque un poco tarde para hacer el comentario lo voy a poner.
Se te nota que tienes una falta de funcionamiento con el funcionariado, pues lo mas normal es que cuando pides algo te digan "vale, rellene la solicitud, que la firme su supervisor y despues se le respondera..." y pasados los meses preguntas y te dicen que esta en estudio de la comision por excesivo gasto.
Y por cierto si eso es una clavija de telefono la clavija que tiene un gancho por cable pues no veas si tiene rotos.
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